Guti se ganó el perdón con el golazo
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Estas cosas tienen los genios: cuando parecen dormidos, sorprenden con una idea prodigiosa. Ocurrió ayer con Guti: se había mal paseado por el césped, ahogado en impotencia y desorientación, cuando en pleno desconcierto se le encendió la bombilla. ¡Zás! Golazo sublime. Disparo seco, a la escuadra, reivindicativo, enrabietado, cargado de mensajes. Fue el empate a dos que precedió a la machada final. Qué capacidad tiene el talento para borrar de un plumazo toda la anterior indolencia de Guti. En ese instante mágico consiguió que todos sus críticos nos replanteáramos si una vez más merece otra oportunidad. Si será capaz de levantarse, luchar y morder para volver a dar su mejor versión en lo que resta de temporada.
Guti había sido pasto del Getafe hasta ese tiro libre que le devolvió al olimpo de los superdotados. El partido le vino grande, acorralado por Casquero y Polanski, arrollado por Granero y Gavilán. Guti obligó a Gago a multiplicarse, a ser Lass, Sneijder, y Pirri y Sanchis, porque hasta de central acabó el bueno del argentino. El Madrid estuvo desordenado, deshilachado y estático por muchas razones (Raúl, Van der Vaart...) pero sobre todo porque Guti no bailaba el balón. Sí, todo esto fue cierto, pero llegó la suerte suprema y el rubio la clavó en la red de Stojkovic. El Bernabéu y el madridismo que vivía histérico esos minutos de angustia perdonó a Guti todos sus pecados. Así son los genios, decíamos. Ojalá Guti despierte del limbo y encuentre el camino.



