Robinho: de la cucaracha al cucurucho
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Con Robinho me he convencido de que el paso de los brasileños por Europa es tormentoso. No podemos generalizar porque la Confederación Brasileña exportó por el mundo en 2008 un total de 1.176 jugadores. Pero también hay que tener en cuenta el otro dato: los 659 futbolistas que el mundo mandó de vuelta a Brasil ese año. Los brasileños, no se sabe la razón, llegan y deslumbran, pero luego les entra la saudade. Le pasó a Ronaldinho, genio que perdió la figura, a Adriano, que anda viviendo la vida loca en una favela de Río y hasta a Ronaldo, que tuvo un final de etapa europea tan tormentosa como sus fiestas de cumpleaños.
Pero Robinho no se puede comparar con ellos. Porque a él se le conoce más por hacer la cucaracha que por ganar balones de oro. El jugador del Manchester City se marchó del Madrid porque "ahí no llegaré a ser el mejor del mundo" y va camino de echarse a perder. Así son los brasileños, pero como los españoles, también los hay más tontos y más listos. A otro brasileño, a Edmundo, le acaban de quitar el carné de conducir tras perder 219 puntos en tres años. A Edmundo le apodaban el Animal. Por algo sería, digo yo.




