Yo digo Manuel Rosety

Lágrimas de Villa en El Molinón

Manuel Rosety
Redacción de AS
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Ya llovió desde aquel 21 de junio de 2003, último encuentro que David Villa jugó en El Molinón, antes de tener que ser traspasado a precio de saldo para que fuera posible la supervivencia del Sporting. El Guaje volvió ayer, con una carga emocional que lo minimizó al máximo. Si en la noche del sábado se vio sorprendido por lo que significa para la afición asturiana, ayer llegó a El Molinón con otro recibimiento espectacular en los exteriores del campo, con aplausos que se multiplicaron en el calentamiento. Villa, tan 'guaje' como cuando llegó a Gijón de juvenil, después de haber sido desechado por el Oviedo, por tener poco cuerpo, no pudo contener las lágrimas que regaron el césped del campo de sus amores.

Villa volvió a El Molinón, pero el ambiente le pudo. La carga emocional atenazó sus botas y agarrotó sus músculos. Marcó de penalti, una especialidad que nunca le falla, y se sorprendió con una inesperada cesión de Sastre, que podía haber sentenciado con antelación el partido. Ayer, Villa fue ese 'guaje' de Tuilla bien conocido en esta tierra, pero no se vio al futbolista que tiene asegurado el puesto en el Valencia y en la Selección. Le pudo más el corazón que la cabeza.

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