Gago burló al jet-lag y dio una lección de pundonor
Noventa minutos de cabo a rabo aguantó Gago en el campo, en un ejemplar ejercicio de entrega y pundonor. Con él no pudo ni el jet-lag ni el Málaga. Gago llegó con dieciocho horas de avión en el cuerpo y tres escalas, en Buenos Aires, Madrid y finalmente Málaga. Cualquiera en su lugar habría sido carne de banquillo. Pero el Madrid le necesitaba por la ausencia forzosa de Lass y el argentino no se arrugó. Al contrario, estuvo entero, bravo en la lucha, atento en los apoyos y sacando el balón sin miedos ni complejos.
Noticias relacionadas
Gago dio la cara en La Rosaleda desde el primer minuto. Se metió en faena para disimular las carencias del Madrid en la medular, ya que Sneijder y, sobre todo, Van der Vaart corrían más que pensaban. El equipo se alivió con la presencia jerárquica de Gago por delante de los centrales, garantizando estabilidad, seguridad y sentido común en la recuperación y salida del balón. El Pintita no es un virtuoso, no es un creativo de arte, tampoco llegará arriba para hacer la jugada del siglo. Nadie le pide eso. Bastó con verle ir con furia al corte en todo el campo, asistir a sus compañeros apurados por la presión del Málaga y hasta hacer algunos malabares cuando el cuerpo le fue pidiendo guerra y estaba ya crecido.
Gago burló al virus FIFA, suplió con notable a Lass y se consagra como jugador de alto valor a punto de cumplir los 23 años. Ayer en La Rosaleda se dejó hasta el último aliento y merece el reconocimiento del madridismo por no esconderse en un momento tan delicado.



