El fútbol de los latinos del norte
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Es un misterio cómo un país de sólo 16 millones de habitantes, con una superficie como la de Extremadura, ha llegado a tener tanta influencia en el fútbol mundial. Hablo de los Países Bajos, fácil deducirlo, y en este párrafo me negaré el natural impulso de escribir Holanda, que sólo es una región occidental del soberano estado neerlandés, como todo el mundo sabe. Sorprende igualmente que la influencia se limite a los últimos 40 años, pues fue a partir de 1970, temporada en la que el Feyenoord ganó la Copa de Europa, cuando irrumpió como la primavera el pujante fútbol tulipán. Prueba de esta rara floración es que pasaron de no clasificarse en los seis Mundiales anteriores a ser segundos en 1974 y a repetir subcampeonato en 1978.
Desde entonces, Cruyff, Gullit, Van Basten... y, por encima de todo, un estilo alegremente ofensivo, mediterráneo en cierto sentido, reflejo, quizá, de la tolerancia que adorna ese país sin cortinas. Es posible que ese carácter latino explique el devenir de los holandeses (ustedes digan 'neerlandeses') que juegan en el Real Madrid. Se han adaptado mejor los delanteros sin exigencias defensivas, Van Nistelrooy y Huntelaar. Sufren el resto. La razón es que les equivocamos la nacionalidad. No son alemanes, son holandeses, en el amplio sentido del término.



