Volvemos a hablar de la F-1
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La decisión de que el vencedor de la Fórmula 1 sea quien más carreras gane ha levantado más que debate, polémica. Por lo pronto, la mayoría de los pilotos se ha puesto en contra. El anuncio ha llegado doce días antes de que empiece el Mundial y esto sí que no parece serio. Las escuderías han programado ya su estrategia en la temporada y ahora no hay tiempo para rectificar. Sobre todo cuando han visto cómo andan los Brawn GP (antes Honda), capaces de copar las victorias en las primeras carreras tras la transformación de sus coches. Mientras el resto los quiera rectificar o evolucionar, habrá llegado el verano; para entonces que le echen un galgo a los Brawn. Con el nuevo reglamento ya no vale ser segundo, hay que ganar.
El cambio pudiera tener una justificación en favor del espectáculo. Es una manera de evitar que el aspirante a campeón -siempre el mejor piloto al fin y al cabo- corra con la calculadora en la mano. Del gran Indurain, por ejemplo, se echó en falta que venciera en alguna etapa en línea de los cinco Tours que ganó. Se llevó diez etapas, sí, pero todas contrarreloj. Sus dos vibrantes victorias en Cauterets y Luz Ardiden fueron anteriores al primer Tour que ganó. Es razonable buscar fórmulas para estimular la victoria; de esta manera, los mejores no bajarán la guardia. La de Ecclestone puede ser válida, pero ha resultado precipitada. Sin embargo una cosa ha conseguido: que se discuta de la Fórmula 1 como si todos supiéramos algo de ella.




