Brawn GP se está tirando un farol
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Seguramente el nuevo Brawn GP sea mucho mejor coche que el Honda del pasado año. Tiene su lógica porque la escudería japonesa tiró por la borda la temporada 2008 y decidió centrarse en el desarrollo del monoplaza para la siguiente campaña, por tanto lo razonable es que todo ese esfuerzo haya servido de algo. Pero lo que me parece milagroso es que el peor monoplaza de la parrilla se convierta, de repente, en el mejor. Sería algo inédito, creo, en la historia de la Fórmula 1. Así que la única explicación que se le puede encontrar a este fenómeno paranormal, digno de ser investigado por Iker Jiménez, es que Ross Brawn y sus chicos se están tirando un farol monumental. Podría ser comprensible porque buscan aún quién apuntale su proyecto con ese dinero que ahora parece haberse esfumado del planeta Tierra, pero tampoco me parece de recibo que le tomen así el pelo al resto de la F-1.
Lo cierto es que ellos están en su derecho de salir a la pista con un coche en la configuración que les apetezca... porque nadie se lo prohíbe. Son esas cosas de la FIA. En unos entrenamientos oficiales como los de Montmeló, con la atención generalizada puesta en lo que allí suceda a dos semanas del inicio del Mundial, me resulta incomprensible que cada equipo puede utilizar los recursos que estime oportunos para desarrollar su trabajo. Mi criterio es que los coches que salgan a rodar sean reglamentarios, por muy en pretemporada que estemos, o de lo contrario... que se queden en casa. Porque si uno olvida los lastres, el otro lleva un motor a 19.000 revoluciones y el de más allá utiliza el alerón de un Boeing, pues al final los resultados se desvirtúan y sólo gana quien hace la trampa... aunque legamente no lo sea. Porque el protagonismo de estos test debería ser para el más rápido, no para el más espabilado.




