Hemos hecho el ridículo
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Las imágenes de los asientos volados, del graderío caído y de los andamios al descubierto de la instalación que se había levantado para jugar la Copa Davis dieron ayer la vuelta al mundo distribuidas por las agencias internacionales de prensa. Cualquiera diría que por Benidorm pasó un huracán. Pero no. El viento no se llevó la montaña rusa ni la noria del parque Terra Mítica, en cuyo aparcamiento se habían alzado los graderíos. Tampoco provocó destrozos en la ciudad. Todo fue consecuencia de una chapuza. Porque a saber cómo se habían anclado los asientos y porque no había ninguna necesidad de llevar la Davis a donde no existen instalaciones apropiadas y seguras para jugar al tenis ante unos miles de espectadores.
Cuando se saca al tenis de su escenario natural, que son los clubes, o se inventan instalaciones para hacer negocios y subcontratas pasan estas cosas. No me vale que el viento fuera excepcional. Excepcional fueron los 165 kilómetros por hora que se registraron en este mismo mes de marzo, pero de 1976. Cuando hace un mes el viento superó los 80 kilómetros y hace dos, los 96, ya no hay tanta excepcionalidad. Mismamente justo hace un año se midieron vientos de 93 kilómetros, según datos de la Agencia Estatal de Meteorología. Y eso por no hablar de la lluvia, que en Benidorm caen 26 litros de media en marzo. Si son muchos o pocos, calculen que en A Coruña caen 79. El ridículo esta hecho y empaña la buena imagen de nuestro deporte.




