La suerte fue la aliada colchonera
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Abel tiene que cambiar su esquema de trabajo en el Atlético. Se tiene que olvidar inmediatamente de los cuatro fantásticos de la delantera, y sentar a Maxi para jugar con tres puntales en el centro del campo. Anoche salieron vivos gracias a que Dios se vistió de colchonero. Sus cambios no los entiende nadie y Agüero tendrá pocas dudas en cuanto a su futuro el próximo verano. Lo de la defensa, salvo Pablo pese a su cantada en el primer gol del Oporto, fue un disparate. Leo Franco tuvo que salvar cosas imposibles. Lo mejor ha sido un resultado que deja una rendija abierta a la esperanza, y más de uno debe tener mala conciencia con la configuración de plantilla que tienen los atléticos. Salvo contadas excepciones no pueden ni andar por España.
Lo mejor fue una vez más la afición, que se portó de diez. Ni siquiera se sintió en ningún momento la intensidad de una competición que es el último clavo de un año que se antoja más siniestro que en las últimas campañas. Poco se puede hablar de un encuentro que fue un monólogo del Oporto y que tuvo en Hulk la pesadilla rojiblanca que desestabilizó lo que se había dibujado en la pizarra. Es urgente que Abel parta de cero y no se escude en el apartado físico. Hay futbolistas que ni se merecen vestir la camiseta y otros que están en una baja forma alarmante. Luego no se puede pedir paciencia de manera reiterada a la grada. Todos fallaron y se merecen un suspenso muy gordo. Menos mal que hubo suerte y todavía se puede soñar con un milagro en Portugal.




