Kun y la liberación de sus dos suplencias ante el Liverpool
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La Champions es el mejor escaparate para cualquier futbolista. Un buen partido da lustre y deja huella. Lo sabe Agüero y lo dice la historia. El partido ante el Cagliari encumbró aún más a Luis por sus tres goles, la leyenda de los tres puñales (Ayala-Gárate-Becerra) nació en Bucarest ante el Dinamo, y Pantic deslumbró en Dortmund ante el Borussia ya va para doce años. Esta Champions era (ojalá que aún pueda serlo) la Champions de Kun Agüero. El otro Romario que, de pronto, vieron de nuevo en los Países Bajos. Magistral su exhibición ante el PSV, en Eindhoven, refrendada con dos goles, como había sucedido en la previa contra el Schalke (suyo fue el primero de los cuatro tantos de aquella maravillosa noche de agosto). Y no paró al siguiente partido: también le hizo el primer gol al Marsella en el Calderón.
Tenía Europa a sus pies hasta que a Aguirre le dio un ataque de entrenador y lo dejó en el banquillo en los dos partidos ante el Liverpool. Un sacrilegio. Esta noche tiene la ocasión de liberarse de aquel trauma. La afición espera quedarse muda ante el Oporto cada vez que toque el balón a la espera de qué va a sacarse de la chistera y atronar el estadio después con los gritos de "¡Kun, Kun, Kun!"



