Arizmendi empieza a rehabilitarse

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Victoria cómoda del Zaragoza. Sin alardes, pero también sin sufrimiento, lo que no es una cuestión menor después de la concentración de lesiones en el centro de la defensa. Primero Goni, después Pulido y por último Ayala. Marcelino tuvo que refundar su zaga con la pareja Pavón-Chus y quedaba la duda de su respuesta ante el tanque Marcos Márquez. Cumplieron sobradamente en la marca. Y los sobresaltos fueron mínimos, acaso los imprescindibles para un partido de Segunda. No fue el Zaragoza de Anoeta, pero al equipo se le aprecian ahora valores sostenidos, como el de la movilidad -andando es imposible jugar al fútbol- o el del compromiso, que llevan camino de perdurar. Se notó, además, la vuelta de Gabi en el medio centro. Y Arizmendi acabó de demostrar que rinde más arriba, como delantero, que en la banda. Ayer dejó quizá su mejor partido con el Zaragoza.
El Zaragoza, pese al tempranero gol de Songo'o, jugó algo atascado en la primera parte, por la voluntariosa presión del rival y por su deficientísima circulación en defensa. Hasta veinticuatro pérdidas de balón se pudieron contar entre Zapater, Pavón, Chus y Paredes. Y la mayoría en situaciones fáciles. Demasiadas pérdidas como para poder elaborar fútbol desde atrás. Pero el rival propuso e hizo muy poco. Presionó hasta que le aguantaron las fuerzas y nada más. Para entonces, Ewerthon, desaparecido toda la tarde, acudió fiel a su cita con el gol -cuarta jornada consecutiva marcando-, para abrochar definitivamente el resultado.



