Sensibilidad más allá de las cifras
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El asunto no está aún claro del todo, pero empieza a desprender un tufillo de lo más desagradable. Me irrita sobremanera dedicarle ni una sola línea a cuestiones crematísticas cuando lo que está en juego es la vida de una persona, pero conviene estar muy atentos sobre lo que pueda ocurrir con la repatriación de Cristóbal Guerrero, el veterano motorista que quedó en coma tras sufrir una caída en el Dakar. Las noticias que llegan desde Santiago de Chile sobre su recuperación invitan al optimismo y eso es lo más importante. Sin embargo, me preocupa que los organizadores de la gran carrera del desierto quieran mirar en otra dirección ahora que parece, afortunadamente, que se acerca el momento de que el malagueño regrese a casa, a España.
Soy consciente de que estos trámites son complejos y delicados, lo asumo. Pero me da lo mismo. Guerrero estuvo a punto de dejarse la vida en Chile y aún hoy no sabemos cómo saldrá adelante a partir de ahora, así que es de una mezquindad inconmensurable ponerse a discutir sobre quién paga la factura del hospital o hasta dónde se traslada al piloto. La ASO tiene un gran negocio con este invento del Dakar, así que no creo que su cuenta de resultados se tambalee por correr con los gastos que sean necesarios. Y si lo hace, seguiría resultándome indiferente. Ya digo que la cosa está aún algo confusa, pero espero que sólo sea eso, un conflicto por resolver. Porque de lo contrario, mi consideración hacia los promotores de esta competición cambiaría de forma radical...




