El fútbol físico ante la crisis
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Un Getafe-Espanyol no es un clásico de Primera. No lo es porque el Getafe tiene mil experiencias menos que los pericos en la Liga por una simple cuestión histórica. Sin embargo, y por muchas horas de vuelo que lleven los escudos, al Espanyol le coge este choque con los papeles tan cambiados que se siente como un pulpo en un garaje. Los blanquiazules no están cómodos allí abajo, con el aliento de Segunda en el cogote. El club sólo ha bajado cuatro veces desde que España conociera este divino deporte.
Frente a ellos, los reyes del sur de Madrid, un Getafe que se acostumbró al caviar y que ahora ya no tolera un fútbol más físico, el que le gusta a Víctor Muñoz. Navega entre rachas por la medianía de la tabla sin grandes alardes, gobernado por Casquero, Granero, Soldado, Gavilán y Uche. Uno se pregunta que por qué ninguno de ellos juega en el Espanyol. ¿Qué tienen en Getafe que no haya en Montjuïc? ¿Dinero? Noooo. La respuesta correcta es vista. La vista para que saber que la cantera del Madrid mola, que a Casquero se le veía venir desde juveniles y que de Montjuïc se hartó hasta Etoo.



