El objetivo ahora es sobrevivir
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No ganamos para disgustos, la verdad. El deporte ha dejado de ser un oasis en este sinvivir de la crisis económica para convertirse en un factor más de preocupaciones y desenlaces nada agradables. Casi no hay día, como en el resto de nuestro entorno, que no nos desayunemos con una mala noticia y nos acostemos con otra peor. El dinero tampoco llega al mundo del motor, así que la fuga de patrocinadores, marcas y escuderías está haciendo estragos. Ayer se confirmó la especulación que se manejaba desde hacía semanas: la retirada de Mitsubishi del Dakar. Eso fue a primera hora de la mañana, pocas horas antes de que la FIA anunciara que está pensando en dar un tijeretazo monumental a los presupuestos infinitos de la Fórmula 1.
Lo de Mitsubishi, dentro de lo lamentable que resulta una decisión así, lo veo menos grave de lo que podría parecer. Me explico. La esencia de la carrera son los pilotos privados, los que desde su creación hace treinta años dieron sentido a la gran aventura del desierto. Pues que sean todos así. Incluso los favoritos podrán buscar un coche y un patrocinador para seguir adelante. No habrá grandes equipos ni presupuestos astronómicos, pero el reto continuará, sin duda. Bien distinto es el caso de la F-1. Si las marcas y las empresas que los apoyan huyen, adiós a los grandes premios. Por eso los recortes deben considerarse un mal menor, una tabla de salvación que garantice su viabilidad. Será una Fórmula 1 distinta, pero al menos sobrevivirá.




