Márquez, el futuro que ya está aquí
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Los representantes de los pilotos son como los padres: para cada uno, su hijo es el mejor. Es natural, creen en su pupilo y lo defienden conscientes de lo mucho que se juegan con él: éxito, fama y dinero contra fracaso y olvido. Por eso tengo la costumbre de poner en cuarentena los comentarios que los managers hacen de sus protegidos. Sin embargo, de tanto oír los mismos discursos, creo que he aprendido a distinguir a los que realmente lo tienen claro de los que tan sólo venden su producto. El caso que más me impresionó fue el de Dani Amatriaín, cuando me quería convencer de que un tal Jorge Lorenzo de once años haría cosas muy grandes; también recuerdo con claridad meridiana la defensa a ultranza que Alberto Puig hacía de Casey Stoner cuando el australiano llegó a Europa.
Mucho más reciente, pero no menos esclarecedora, es la simbiosis entre Emilio Alzamora y Marc Márquez. Hace ya tiempo, el ex campeón del mundo de 125cc me dijo: "Atento a este chaval". "¿A este mico?", pensé yo, sin atreverme a decírselo. Marc era un niño, ni siquiera un chaval, que me pareció debía estar en el colegio antes que jugando a ser campeón de nada. Sin embargo, el aval de Alzamora, que no es de los que se tira faroles, me hizo ver al pequeño Marc de otro modo. Y ahora ya está en el Mundial, sabe cómo se siente uno en el podio de un gran premio y hasta figura en la nómina de favoritos para 2009. Así que voy a compartir la fe de su jefe, pensando que algún día Márquez sea capaz de emular a Lorenzo y Stoner. Si es así, un título le espera...




