Preciado apostó por la Copa
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Si en Huelva se apreció que la mente de los jugadores del Sporting estaba en la Copa, en el Coliseum fue Preciado quien rompió la base del equipo de Bilbao para dar entrada a reservas. Mientras Colin estuvo en el banquillo, Sastre y Diego Castro se quedaron en la grada. En estos casos, el balón da la razón o la quita en función de los resultados. El regalo de Jorge, con el partido equilibrado, y la fortuna de Granero en la carambola con Neru, fueron una losa demasiado pesada pues enfrente tenían a un rival tranquilo y una ventaja más insuperable a medida que pasaban los minutos.
El gol de Barral dio vida a un Sporting herido, que se acabó con otro gol de Soldado, producto de una zaga blanda. El cuarto tanto fue una anécdota, tras la modificación del dibujo táctico de Preciado con Bilic y Maldonado, para acabar con una goleada con la que se consumó el ridículo de un equipo a la deriva, que mantuvo un tono de harakiri futbolístico. El inicio de la segunda vuelta no ha podido ser más nefasto y sólo le queda una semana para buscar un refuerzo para la zaga más goleada de Primera. Es difícil explicar la diferencia entre San Mamés y el Coliseum, aunque cuando se juega con fuego, es fácil quemarse.




