¡Pero qué malísimos somos!
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El partido contra Croacia en el Mundial de balonmano se temía. Cuando se juega contra los anfitriones en un deporte de contacto se corre el riesgo de que los árbitros hagan una distinta interpretación de la agresividad defensiva de uno y otro equipo. La derrota, además, nos dejaría casi sin posibilidad de luchar por las medallas. Croacia, como era de esperar, hizo una defensa muy belicosa. Cometió hasta 33 faltas por 24 nuestras. Defendió con la dureza que es necesaria para desajustar el ataque rival. Claro, que esto tiene su riesgo. Si los árbitros son justos, y ayer parecieron serlo, te pueden freír a penaltis y a expulsiones. Pues tal cosa hicieron. Hasta en ocho ocasiones los jugadores croatas fueron expulsados por dos minutos.
La estadística dejará para el archivo un partido en el que Croacia sufrió ocho expulsiones y nosotros, dos; que fue castigada con tres penaltis y nosotros, con uno. Con semejante desequilibrio, el partido no se le puede escapar al equipo que disfruta de tantas ventajas. Pero si jugando seis contra cuatro se fallan todos los tiros, se pierde el balón en los ataques, se cometen faltas en defensa y el portero no para una, es que el equipo será muy malo. Pues eso es lo que fue la Selección ayer. Mala de remate. En ocasiones es bueno llamar a las cosas por su nombre. No es que nuestros jugadores fueran inferiores a los croatas, es que fueron malísimos ellos solos. Pues nos deben una. Les despedimos con honores y ayer nos llenaron de sonrojo.




