Lo de Arguiñano no es una pose
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En este mundillo tan llamativo y en ocasiones frívolo de las carreras, sean de coches o de motos, a menudo nos encontramos con personajes que dicen sentirse aficionados al deporte cuando en realidad lo único que les interesa del asunto es lo que a ellos les puede aportar de fama, glamour o vaya usted a saber qué. Pululan por los circuitos con su pase VIP, sus gafas de sol para pasar ¿inadvertidos? y buscando al piloto de turno con el que salir en la foto. Su existencia, desde luego, no es nociva para el deporte, pero tampoco aportan nada que les haga imprescindibles. Pues dicho todo esto, tengo la certeza de que Karlos Arguiñano no se corresponde en absoluto con este estereotipo.
El cocinero más famoso de España es asiduo al Mundial de motos porque disfruta con su ambiente, se lo pasa en grande y, de remate, su simpatía le ha servido para hacerse con un grupo de amigos que ya quisieran para sí otros que llevan toda la vida en las carreras. Pero por si fuera poco, acaba de demostrar con hechos que no es un aficionado de papel cuché, sino un entendido capaz de comprometerse con un proyecto tan ilusionante como el del equipo Derbi. Y en épocas como las que corren, se agradece que haya alguien capaz de poner su imagen y su dinero al servicio de la causa. La presencia activa de Arguiñano en los grandes premios sólo puede traer mucho y bueno al campeonato, así que felicitémonos por su valiente decisión. Ojalá que le salga tan rentable como las ganas con las que, seguro, asume el reto.




