Yo digo Juanma Trueba

El difícil oficio de presidente

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Me sigue sorprendiendo cómo el cargo de presidente del Real Madrid es capaz de devorar a brillantes abogados, florecientes empresarios e implacables hombres de negocios. Ramón Calderón ha sido el último, pero antes que él cayó con estropicio Fernando Martín, entonces próspero constructor. Florentino Pérez conservó su imagen de fabuloso magnate mientras se parapetó detrás de Jorge Valdano. Cuando creyó saberlo todo, cuando descartó fichajes por sus resonancias cacofónicas, su gestión se arruinó. Tampoco acabó bien Lorenzo Sanz, aunque su derrota fue electoral. Personalista, campechano y desordenado, incapaz de afrontar la transición a la modernidad, quizá ha sido el presidente con más intuición futbolística después de Santiago Bernabéu. Ramón Mendoza, también dimisionario, inició la estirpe de los empresarios de fortuna y Luis de Carlos, su antecesor, fue el último de los presidentes clásicos.

Supongo que la vanidad y la exposición pública nublan la mente, y estoy seguro de que las despiadadas leyes de la empresa no rigen en el caótico mundo del fútbol. En este universo paralelo a los presidentes del Real Madrid no se les pide ni donaire ni cuentas de resultados; se les exige cierta prudencia, algún conocimiento y un esfuerzo por la austeridad, una muestra, aunque breve, de las virtudes que definían al ideólogo Bernabéu. Quienes se marcharon por la gatera incumplieron algún requisito o fallaron en los tres.

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