Otra broma del destino para Sainz
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Aquel día de 1998, también era la hora del almuerzo. Estaba en Casa Osendy, un barecillo vecino a la antigua redacción del AS, cuando recibimos una noticia que se nos antojaba una broma. "El coche de Sainz se ha parado", nos dijo el camarero. "No juegues con eso", le espetamos. Pero no, no era ningún juego. Lo que había escuchado en la radio era una cruel realidad: el Toyota del madrileño se había parado a quinientos metros de una meta que materializaba el objetivo de su tercer título mundial. Ayer también estaba comiendo cuando me enteré de que Carlos tenía que abandonar un Dakar que parecía ganado. Otra broma del destino. Porque se merecía ese triunfo más que nadie y porque no tiene ninguna responsabilidad sobre la causa del accidente.
No sé si perder un Dakar es comparable a perder un Mundial de rallys. Lo que sé es que me llevé ayer una enorme decepción, puede que quizá mayor que la del aquel RAC de Inglaterra. Porque Sainz entonces ya tenía dos coronas de la especialidad, pero esta carrera temible no la ha ganado nunca. Yo tenía la confianza de que estaba hecho, pero no quería ni pensarlo consciente de que en el Dakar la certeza sólo tiene el valor del instante en el que se produce. Lo escribí días atrás: tendré los dedos cruzados hasta la meta de Buenos Aires. Pues me ha servido de poco... Ahora sólo espero que a Carlos le queden ganas y ánimos para volver, porque si es así su éxito será sólo cuestión de tiempo. Ah... y también espero no tener que aguantar muchas bromitas con el "trata de arrancarlo".




