Ni las dunas pueden con Sainz
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Hasta este año, Carlos Sainz tan sólo tenía una carencia evidente en su pilotaje al volante del Volkswagen Race Touareg: el complicado paso de las dunas. En ocasiones también pagó el tributo de la inexperiencia con la navegación, pero lo cierto es que esa responsabilidad, al fin y a la postre, corresponde más al copiloto que al piloto, que bastante tiene con intentar llevar el coche por su sitio. Eran, por tanto, las dunas el talón de Aquiles del madrileño aunque parece que hasta ayer. El desierto de Atacama se presentaba como un desafío de los que asustan, incluso a los más curtidos en el Dakar, pero Carlos lo ha superado con la nota más alta: la victoria. Quedan aún dos días de hostilidades en la arena, pero ahora podemos estar algo más tranquilos.
Con esta buena noticia, hoy lo que más me preocupa es la fiabilidad de su Volkswagen. De momento el Race Touareg está funcionando como un reloj y eso debería indicar que los problemas de anteriores ediciones han quedado en el baúl de los recuerdos. La marca alemana soportó el suplicio que este año le ha tocado sufrir a Mitsubishi, el del desarrollo y puesta a punto de un nuevo vehículo de competición. Superada esa fase, todo parece en su sitio para que la victoria de Sainz no se demore más. Sin embargo, y lamentando ser tan amarrategui, yo pienso seguir conteniendo la respiración y cruzando los dedos hasta el mismísimo domingo. Me apetece tanto este triunfo que no quiero ni pensar que se nos escape




