Gotas de un perfume muy caro

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España voló de Pekín con 18 medallas. Una menos que en Atenas, cuatro menos que en Barcelona. Pero nos vinimos contentos con triunfos de aroma a perfume caro, de ese que te persigue y te trae a la mente imágenes. Como esa del mate de Rudy. O Nadal al borde de la lágrima en el túnel de vestuarios. La de David Cal extenuado, sin aire y con el ácido láctico bloqueándole después de sus trabajos de Hércules. Esa de alegría pura de Craviotto y Pérez Rial abrazados a sus chicas. La mirada casi de loco de Llaneras en pos de la gloria. La chota inacabable de Leire Olaberria tras colgarse el bronce. La preciosa luz que desprendían Gemma Mengual y sus sirenas en el Cubo... Visiones de triunfo.
Pero también imágenes de dignidad. De triunfos que se quedaron a las puertas e igual supieron a miel que escocieron. La del veterano García Bragado, viejo zorro cuarto en marcha. La de Gómez Noya, asfixiado por el flato pero sereno. La de Ander Elosegui, a las puertas de enseñarnos a todos que existen las aguas bravas. La de Juan Antonio Ramos, con el alma y la mano rota. O la de Esther San Miguel, que buscando el ippon tras una trombosis acabó quinta. Las imágenes inolvidables de un EQUIPO.



