Yo digo Juan Mora

Lissavetzky, un buen político

Juan Mora
Importado de Hercules
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Primero fue Hermida (1980-82), quien sentó las bases democráticas del deporte. Luego Cuyás (1983-87) y su traspaso de las competencias del deporte a las comunidades. Le sucedió Gómez Navarro (1987-93), artífice de los Juegos de Barcelona. Subió el escalafón y Cortés Elvira (1993-96) protagonizó los descensos administrativos y nunca consumados del Sevilla y Celta. El cambio de gobierno trajo a Martín Marín (1996-98) y su lucha por revitalizar el ADO. Después Fisas (1998-99), quien a falta de medios daba cariño. A continuación Villar (1999-2000), encantado al final con el deporte. Después Gómez Angulo (2000-2004), más apasionado con los toros que con el deporte. Nuevo cambio de gobierno, aparición de Lissavetzky y hasta hoy.

Lissavetzky va camino de convertirse en el secretario de Estado para el Deporte con más años en el cargo... si antes Zapatero no le hace ministro. Lissavetzky, la verdad, se ha ganado el cargo. Es un político valiente y con él ha subido el prestigio de España. No sólo en cuanto a éxitos deportivos, sino a su empeño por luchar contra el dopaje, como así se lo ha reconocido la Agencia Mundial al nombrarle representante de los gobiernos europeos, y a la estrategia seguida para colocar españoles en puestos de relevancia dentro de las federaciones internacionales. Desde su posición, también ha ayudado a la candidatura olímpica de Madrid; desde la de un ministerio, la ayuda sería mayor. Por eso, lo mejor está aún por venir.

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