Un agradecimiento y una reflexión

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Soy la madre de Beñat Bobillo, un niño de 14 años que, el pasado 13 de diciembre jugaba un partido de fútbol contra el Eibar y, en un encontronazo con el portero, sufrió un traumatismo craneal que le hizo perder la consciencia durante tres minutos. Fue ingresado en el hospital de Mendaro y, posteriormente, trasladado a la residencia de San Sebastián. Se le ha roto un hueso del oído izquierdo y, de momento, ha perdido la audición, aunque nos han dicho que quizá pueda recuperarla. El 17, mientras seguía ingresado, sufrió una parálisis facial de la que nos han dicho que también se recuperará. Primero quiero dar las gracias a todas las personas que nos han mostrado su cariño y apoyo en estos momentos tan delicados y, después, hacer un llamamiento a esas personas que están en la Federación para que faciliten los medios necesarios para evitar estas lesiones. Entiendo que chavales de 14 años deberían ir a jugar para disfrutar y, si de paso ganan, pues fenomenal. No son profesionales, no está en juego su sueldo, pero sí su salud. No sé cuántos accidentes de este tipo se producen en estas categorías de niños, pero a mi hijo ya le ha pasado y me gustaría evitar que le ocurriese a otros niños.

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