En Navidad no trabajan los toreros
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Vaya corte. Uno esperaba tanto del Barcelona y del Ciudad Real que al final se queda desilusionado por el desenlace del llamado partidazo de la Copa Asobal. Ganó el Barça, que jugaba en casa pero poca película para tanto rollo. Para celebrar, sólo al joven Ugalde, acierto de Valero Rivera, que le ha incluido en su preselección. Pero alguno de los mitos que uno tiene en su imaginario y tanto admira, no estuvo. Era la tarde de Chema para reivindicarse ante el seleccionador, pero el palentino firmó un partido horrible, como el de Alberto Entrerríos en su posición recobrada de central. Tampoco estuvo Juanín García, eclipsado por el joven Ugalde. Y los porteros, para la calidad que atesoran, pues tampoco decidieron el encuentro de la final anticipada.
En la otra semifinal tampoco surgió con fuerza propia un héroe decisivo entre los iconos nacionales: Ruesga, del que tanto se espera siempre, mal; Malmagro, poco a poco, en recuperaci y Sarmiento, sorpresa agradable, pero recién salido de una lesión. Es cierto que el choque entre el Ademar y el Portland siempre tuvo color leonés, que mediada la segunda parte ya tenía los dos pies en la final. Todo esto nos señala que en la época navideña, los nuestros, la gente de la casa, los que pueden salir a hombros como si fueran auténticos toreros, andan con el pavo, el mazapán y los turrones enganchados a la andorga y no están para mucho requiebro. Así, el bueno de verdad de la primera jornada fue Stranovsky, que es de fuera y de toros y de olés, ni papa.




