Golazos con jerarquía y galones
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Si el Getafe va bien llegará el casquerazo, si va mal cabe esperarlo como solución. Los goles de Casquero son de tal belleza que nunca pasan desapercibidos. Y en momentos de verdad, no en las pachangas. Le marcó al Bayern Múnich, contribuyó con tres tantos a llegar a dos finales de Copa y ha dado infinidad de puntos a su equipo. La gente valora sus goles, pero el de Talavera es algo más. Con la pérdida de peso de Belenguer en el equipo (que no en el vestuario), el mediocentro es el nuevo jefe de operaciones, la prolongación del entrenador, la mente pensante. Sus compañeros le otorgaron este verano el brazalete y Casquero responde en un vestuario que también ha sido escuela de capitanes con veteranos como Vivar Dorado, Belenguer o Cotelo que han dado ejemplo de profesionalidad a los jóvenes. Su talento se ha aprovechado de la libertad que todos los técnicos le han dado en el Coliséum y él ha pulido su capacidad táctica para alcanzar su mejor nivel con treinta y dos años a cuestas.
La pregunta es ¿quién mira su DNI? Él desde luego no. No haber ganado un título en su dilatada carrera y la Selección, son las dos espinas que le quedan clavadas, y mientras haya casquerazos todo es posible. Viendo a Guardiola en el banquillo del Barça uno piensa que ser entrenador es el destino irrenunciable de Casquero. Sus formas de jugar son muy diferentes, pero su posición en el campo, el estilo y la manera de ver este deporte y esta profesión no lo son tanto. Claro que me estoy anticipando, pues a Don Francisco Javier le quedan dos años y medio de azulón para acabar de cumplir sus sueños futboleros sobre el césped. Después ya veremos.




