La pasión se alimenta de recuerdos
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No opinaré de fútbol, sino de su decorado. En este sentido, hay que reconocerle al Real Madrid el cuidado por los símbolos, hecho que se demuestra en la exposición sobre Bernabéu que enriquece el museo del club. Resulta evidente que el Madrid ha sabido lucir sus trofeos y transmitir la leyenda de la institución, y el protagonismo de Di Stéfano en los actos más relevantes no hace más que incidir en esta idea. Sin embargo, desde la doble perspectiva de aficionado y consumidor de fútbol, echo en falta que la tienda del club no esté a la altura de su sala de trofeos. Me sorprende que los productos que allí se ponen a la venta estén más vinculados a la marca que patrocina la ropa deportiva que a la historia del Madrid. Faltan camisetas retro, empezando por la que llevó Don Alfredo, sin más adorno que el escudo y el nueve. Falta, por ejemplo, la camiseta roja que vistió el equipo en 1973 en Odessa, un color que bien hubiera podido recuperarse como tercera equipación esta temporada, la del 35º aniversario. Faltan libros, vídeos, colecciones, cómics (magnífico el editado por el Atlético), eso que los ingleses llaman memorabilia.
Me extraña que un club como el Real Madrid, tan vanguardista en el macromarketing haya descuidado los objetos que adornan las pasiones. El deporte de Estados Unidos y el fútbol inglés nos marcan el camino: el presente se alimenta de los recuerdos. Lo que sostiene la emoción no es la última camiseta con ribetes negros. Es la primera.



