Betis, Xerez, Mallorca y Córdoba

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Comprar un equipo de fútbol no es fácil. Todos sus dueños o máximos accionistas suelen lamentar las críticas de la afición y prensa o las pérdidas de dinero. "Si el fútbol fuera un negocio, estaría en manos de los bancos", llegó a decir el mítico ex jugador de Barcelona y Real Madrid, José Samitier. Pero cuando aparece un empresario serio, con ganas, con dinero, con ideas y con proyecto... ¡cuanto trabajo le cuesta a un dueño desprenderse de su 'ruinosa empresa'! ¿Por qué? ¿Apego a la poltrona? ¿Desconfianza a lo desconocido? ¿Esperanzas en que el Ayuntamiento de turno ejerza como padrino salvador y mecenas generoso (vamos, que suelte pasta a fondo perdido). Un detalle. Betis, Xerez, Mallorca y ahora Córdoba no han cambiado de manos... de momento.
La propuesta de Víctor Aldama era seria. Buena para el Córdoba y sus aficionados. Su proyecto se basaba en reforzar la plantilla con cinco grandes fichajes en este mercado de invierno para construir en dos años un proyecto de Primera. Pensarán, "eso lo dicen todos". Pero el 18 de enero (fecha elegida para un hipotético traspaso de propiedad) dejaba a este empresario radicado en Madrid sin margen de maniobra. José Romero, de la admirable PRASA, seguirá al pie del cañón pero, ¿por cuánto tiempo? Las empresas no se escapan a los tiempos de crisis y el fútbol es un engorroso añadido. Ahora bien. Algo tiene este invento cuando ni Lopera, ni Muñoz, ni Vicente Grande, ni Joaquín Morales y demás familia abandonan tan peculiar circo.



