Un Europeo de africanos
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Cuando en 1994 se disputó por primera vez el Europeo de cross nos frotábamos las manos. Sin atletas africanos y cansados de ser los primeros blancos en las pruebas de fondo de los Juegos Olímpicos y de los Mundiales, la competición parecía hecha a la medida de nuestros corredores. Fue un chasco. Medallas hemos ganado a montones, nada menos que 32, pero sólo dos de oro individuales, que son las que se ven, porque las de por equipos se adjudican por puntos según la clasificación de los primeros atletas de cada país. Y de las dos individuales, una júnior hace diez años con El Nasri, y otra femenina el año pasado cuando Marta Domínguez ganó en Toro. En hombres seguimos sin tener un campeón.
Esto no era lo esperado. La hegemonía del portugués Guerra primero (cuatro títulos) y la del ucranio Lebed (ocho) después nos pusieron caros los triunfos. Y cuando no, aparecía un británico nacido en Somalia, el mismo que fue segundo ayer. Y por si fallara éste, tercero fue otro somalí nacionalizado sueco. Todos los países ya tienen atletas de origen africano. Ya ven: ayer, cinco entre los siete primeros. Y la ganadora fue una holandesa de Kenia. Nosotros, gracias a Landassem y Bezabeh, nacidos en Marruecos y Etiopía, respectivamente, ganamos por equipos. Tuvo su mérito, que Francia presentó un equipo con mayoría de atletas de origen marroquí y argelino. Queramos o no, éste es el atletismo que se lleva ahora en Europa.




