La espalda de los defensas
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El Sporting, un club con mentalidad de cantera, recibió la visita del Atlético, que salió al mojado césped de El Molinón con una formación con once extranjeros, además del entrenador. Los locales, aspirantes a la permanencia, con una inversión sin coste en sus refuerzos, se opuso a un rival confeccionado con un importante desembolso y con la ambición puesta en la Champions. En el primer tiempo, las diferencias se notaron en el acierto. Los gijoneses tuvieron llegada y pusieron en evidencia las carencias defensivas de los colchoneros, que dejaron muestras de su extraordinario ataque. Bilic dio el primero. Pudo dar más, pero faltó acondicionar el punto de mira. Los visitantes llegaron menos, pero Agüero tenía su noche por delante.
Los errores fueron decisivos. El Sporting no supo aprovechar los suyos, pero el Atlético no perdonó ante tantas inesperadas facilidades. La zaga gijonesa recordó la del horroroso inicio liguero, con demasiados desbarajustes, de los que pocos se salvan. El partido quedó visto para sentencia en poco tiempo, cuando el gol de Barral había abierto nuevamente el juego. Ganó el fútbol, el espectáculo y el aficionado. Fue una noche para disfrutar. En este aspecto, Preciado y Aguirre colaboraron para que El Molinón tuviera una noche de fútbol y de goles, con fútbol de ataque y de riesgo, que en Primera necesita un equilibrio. En eso ganó el Atlético. Hasta Turienzo Álvarez, sin ninguna necesidad, también puso su grano de arena en el desarrollo del encuentro.




