Nacidos para los desafíos
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Son dos de los más grandes pilotos de la historia en sus disciplinas. Es más, muchos no dudarían en calificarlos como los mejores de siempre, porque razones para hacerlo no faltan. Michael Schumacher, siete títulos de Fórmula 1; Valentino Rossi, ocho veces campeón del mundo de motos y en todas las categorías en las que ha competido. Han alcanzado la cima de sus carreras deportivas y, sin embargo, parece que ambos tienen una espinita clavada. Curiosamente, la de triunfar en la modalidad en la que el otro ya lo ha hecho. No es un pique personal, ni mucho menos, es sólo una muestra más de la ambición inconmensurable que demuestran los campeones. Han nacido para los desafíos, no entienden otra forma de vida que la de la constante superación.
Resulta paradójico su empeño por intercambiarse los papeles. Al principio de sus respectivas aventuras, todos lo tomamos como el capricho lógico de alguien que puede permitírselo. Rossi disfrutando como un loco con un Ferrari y Schumacher jugando a las carreras de Superbikes. Pero con el paso del tiempo, a fuerza de tanta insistencia, nos hemos dado cuenta de que no es ninguna broma para ellos. Ahora tengo el convencimiento de que a ambos les atrae tanto el reto para que les ronde por la cabeza como algo más que un escarceo. Aunque dicho esto, también pienso que ninguno irá más allá. Porque antes que nada, incluso que ambiciosos, son ganadores y el altísimo nivel de la competición actual no permite experimentos. Sería bonito, pero la verdad es que no creo que lo veamos...




