Yo digo Raúl Romojaro

El pesado lastre de un apellido

Raúl Romojaro
Redacción de AS
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Discrepo de aquéllos que opinan que un apellido ilustre es una ventaja evidente para los jóvenes deportistas que lo ostentan. Cierto es que ser hijo de Fulanito puede abrir muchas puertas en determinados momentos (algo importante en las costosas disciplinas del motor), pero también es verdad que las exigencias suelen ser mayores para quienes el talento se les supone incrustado en los genes. Un ejemplo más de este debate lo vamos a tener, en los próximos años, con Carlitos Sainz, hijo de todo un bicampeón mundial de rallys... aunque resulta que su pasión son los circuitos.

Claro que Sainz Júnior tiene más fácil acceder a determinados beneplácitos que otros pilotos de su generación. Eso es incuestionable. Pero tanto como inútil si a la hora de la verdad el chaval no está a la altura de las circunstancias. Porque ese crédito se agota pronto, es decir, nadie gana carreras por ser hijo de Fulanito, lo hace porque es más rápido que sus rivales. Carlitos está demostrando que tiene calidad con un volante entre las manos, pero ahora deberá aprender a gestionar la presión de ser el centro permanente de atención, le guste o no. Y eso no es fácil cuando se tienen catorce años...

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