Jugar con corazón y con cabeza
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Una cosa es jugar con el corazón y otra, con la cabeza. Puede ser la diferencia entre el Sporting y el Betis en el encuentro de ayer. Los rojiblancos aplicaron un buen dispositivo táctico para echarle raza a los contraataques béticos, que lucieron un extraño uniforme, sin necesidad, en lugar de utilizar el que históricamente lo identifica. Así llegó el gol de Diego Castro, después de que un tiro de Barral dejara fuera de tono a Casto, quien parecía tener grasa en los guantes. La ventaja no fue aprovechada por los rojiblancos, excesivamente egoístas en las ocasiones de gol. No era para menos la desesperación de Bilic, quien dos veces fue el espectador de mayor privilegio para ver a cinco metros cómo se regalaba el balón al contrario en una ocasión manifiesta de gol.
U n zarpazo de Monzón y una filigrana de Emaná desnivelaron el partido, al margen de un árbitro que tiene una escarapela internacional que le habrá llegado en algún lote de regalo navideño y que es digno de que lo patrocine alguna óptica. El Betis supo capear el temporal ante un rival que le puso mucha raza al juego, pero poca inteligencia, además de demostrar que las inversiones en el fútbol tienen repercusión. El Sporting no tiene a su alcance la incorporación de jugadores como Sergio García, Emaná, Monzón o Nelson, por poner ejemplos, aunque la mayoría de los que llegaron a Gijón con coste cero dejan buen sabor de boca en la afición, que ayer tuvo un ejemplar comportamiento con el hermanamiento previo al partido con los viajeros béticos.




