Yo digo Juan Mora

La Davis, ¡uf, qué emoción!

Juan Mora
Importado de Hercules
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La final de la Davis es emoción en estado superlativo. El 5-1 se convierte en un 5-5, el 1-5 del desempate en un 5-5, cada resolución del tanto acaba produciendo un respingo y un golpetazo. Si estas emociones se desatan ante la televisión y a 10.000 kilómetros de distancia, ¡cómo no se van a cometer excesos en directo y en la cancha! Por eso hay que comprender, sin justificar, las incorrecciones de la afición argentina. Incorrecciones cometidas cuando la remontada de Nalbandián y Calleri provocaron la locura. Convertir un 1-5 en un 5-5 enardece, porque se pasa del desencanto a la euforia y eso ya no hay quien lo pare. Además, ese ambiente ya lo esperábamos, que una final de la Davis en Argentina no va a ser como estar en misa.

Pero es ese mismo ambiente el que se está convirtiendo en un calvario para los jugadores argentinos. Notan detrás la presión de un país y cuando se les acerca la hora de ganar se les agarrota el brazo. Le pasó a Del Potro el viernes y les pasó ayer a Nalbandián y a Calleri. Si la afición no sabe perder y los jugadores no saben ganar, están perdidos. Ya ven, una final que nos parecía imposible ahora la tenemos al alcance de la mano. Las finales de la Davis tienen estas cosas. En las últimas catorce finales ha habido ocho victorias forasteras, con sorpresas gordísimas. Pues nosotros estamos a punto de conseguir una de ellas. Y Verdasco, ¡quién lo diría!, de convertirse en el otro gran protagonista, que Feliciano ya lo es: dos partidos, dos victorias.

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