Davis: ¡Claro que podemos!
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¿Quién dijo miedo? ¡Claro que podemos ganar la Davis! Sin Nadal, pero con Ferrer y Feliciano. Pues sí. Y, además, en Argentina. La Davis es una competición muy peculiar y si el factor cancha es tremendamente decisivo en las eliminatorias, en la final no resulta así. Será por la presión que sufren los jugadores locales, pero el caso es que siendo, como digo, el factor cancha decisivo, en los últimos catorce años el equipo de casa ha perdido la final más veces que la ha ganado: ocho derrotas frente a seis victorias. De estas seis victorias dos han sido nuestras, por lo cual en catorce años sólo Suecia en 1997, Australia en 2003, Rusia en 2006 y Estados Unidos en 2007 han sido también capaces de alzar la Ensaladera ante su afición.
En estos últimos años ha habido sorpresas y gordas. Casi todas teniendo como protagonistas a los franceses. En 2001, por ejemplo, Escude y Grosjean ganaron a Hewitt y Rafter sobre la hierba australiana, y en 1996 Pioline y Boetsch vencieron en Suecia a Edberg y Enqvist. A cambio, Grosjean y Mathieu, en 2002, y Grosjean y Pioline, en 1999, no supieron defender la Ensaladera en Francia ante Rusia y Australia, respectivamente. Las otras victorias a domicilio en estos catorce últimos años las protagonizaron Croacia en Eslovaquia (2005), Suecia en Italia (1998), Estados Unidos en Rusia (1995) y Suecia en Rusia (1994). La de España en Argentina está por llegar. Si otros pudieron, nuestros tenistas, también podrán. ¡A por ellos!




