Federer jugó como Dios... y será el dos
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No es muy posible jugar mejor al tenis de como lo hizo Roger Federer en ciertos pasajes de su derrota en Shanghai ante Andy Murray. Algo extraño hay en este juego cuando alguien lo interpreta hasta ese grado de perfección... y acaba perdiendo. Si un torero ejecutara las suertes del mismo modo que Federer domina los registros del tenis, ese torero sale a hombros, sin duda: pero, jugando así y danzando en un estanque dorado de momentos mágicos, Federer pierde: camina sobre las turbias aguas del Río Amarillo, pero pierde y se despide de Shanghai. El bello riesgo del violinista suizo es su condena ante el fácil positivismo defensivo de Andy Murray: que luchó como un demonio para liquidar a Roger.
Esta derrota de Roger podría haber forzado el ranking: en el caso de que Djokovic acabara alzando esta Masters Cup, sólo una decena de puntos (5.305-5.295) hubiesen asegurado el número dos de 2008 para Federer, y eso gracias a que Djokovic perdió el intrascendente duelo previo round-robin con Tsonga. Pero Federer se despidió oliendo a rosas. Esos reveses a muñeca totalmente abierta, esa estética son el juego de Dios, no del dos...




