Lo fácil era destituir a Schuster...
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Una riña de familia a veces no viene nada mal. Ayer ocurrió en el Madrid: en el vestuario de Valdebebas y en el despacho oval del Bernabéu se soltaron las maledicencias contenidas desde hace semanas. Fue una mañana cruda, con voces en el vestuario, gestos retorcidos y muchas explicaciones ante Calderón y Mijatovic. Pues bien, si ahora todos se visten por los pies, han de cumplir el pacto de estado sellado ante el presidente con apretón de manos: un objetivo, salir del bache poniendo todos lo mejor de sí mismos. Incluso Schuster, de cuna introvertido, ha prometido reconducir su actitud después de que la plantilla y el club le hayan pedido que ponga los cinco sentidos en su trabajo.
Calderón y Mijatovic han optado por agarrar fuerte el timón y soportar esta zozobra para salvar la nave. Es una apuesta de riesgo, pero ya lo hizo el presidente con Capello y ganó la Liga. A veces lo facilón es destituir hasta al taquillero y lo difícil mantener la calma por encima de calentones razonables, y actuar con prudencia. Conceder otra oportunidad a Schuster es una decisión serena en vísperas de cerrar la clasificación para la Champions y con el Barça a dos puntos. Ahora el alemán debe responder y también los jugadores. Calderón ha decretado la paz aguantando el tipo y no ha sido fácil. Valladolid les espera.



