Un proyecto valiente de Mini
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El nacimiento de una competición, sea sobre dos o cuatro ruedas, siempre es una buena noticia para el deporte del motor. Entre otros motivos, porque nunca es fácil que surjan iniciativas de este tipo, así que imagínense en una situación tan poco propicia como la actual. La crisis golpea con fuerza a todos los sectores, pero especialmente a uno de consumo tan condicionado por la financiación como es el del automóvil. Por eso la puesta en marcha de la Mini Challenge es un proyecto valiente. Diría que en una coyuntura favorable (o dicho de otro modo, simplemente normal), el éxito de la copa monomarca estaría garantizado. Tiene todos los ingredientes para triunfar: un coche atractivo, una preparación magnífica, una mercadotecnia adecuada y todo el saber hacer de los organizadores de GT Sport.
Sin embargo, tal y como pintan las cosas para 2009, el año de su lanzamiento, tengo tantas reservas al respecto como ganas de equivocarme. Quiero decir que ojalá se cubran los quince puestos de la parrilla mínimos para que la Federación autorice su celebración. Otros certámenes similares están sufriendo la fuga de participantes (cuando no su cancelación, como es el caso de las tradicionales Copa Hyundai), así que no veo sencillo encontrar a pilotos con dinero, que no con ganas, para afrontar una temporada que no es precisamente barata. Insisto, me encantaría estar equivocado y que Mini venda los veinticuatro coches que tiene disponibles. Pero a día de hoy, lamentablemente, tengo serias dudas al respecto...




