El alcalde y la noche de Madrid

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Dice Gallardón, a quien uno no le tiene por muy noctámbulo pero sí por muy listo, que en sus exposiciones ante miembros del COI siempre desliza una frase dedicada a la noche de Madrid. A ese encanto intangible de disfrutar de una cañita en las cientos de terrazas que brotan por la ciudad en verano. A esa oferta de ocio inacabable. Al encanto de La Latina o Huertas. A la tentación gastronómica. Al saber vivir epicúreo que parece distinguirnos respecto a otras culturas. Bajo un cielo velazqueño -de Madrid, el cielo, más que de Madrid al cielo- es más agradable relajarse tras competir, dirigir, arbitrar o transmitir. Sin la neblina de Pekín, ni el bombín plomizo de Tokio, ni los vendavales de Chicago ("la ciudad del viento"), ni la sensación de inseguridad de Río de Janeiro. Mercedes Coghen también se lo dice a los gerifaltes de los anillos: "Como aquí, no les trataremos en ningún sitio".
Ese es también un valor que maneja la candidatura, que luce un tremendo apoyo popular. En China, los Juegos parecían ajenos al pueblo. Cuando se cerraban los pabellones, el anillo olímpico y las calles se vaciaban. La flema británica tampoco parece asegurar mucho fervor. Madrid apuesta por lo latino, por el calor humano, por la pasión... Y por las cañitas. Qué menos.



