El paladar también importa

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Al Zaragoza de Marcelino lo propulsan su extraordinaria pegada y los resultados que se derivan de ella, pero no acaba de jugar bien y eso abre, inevitablemente, ciertos debates futbolísticos. Por ejemplo, el de la posición de Jorge López, el jugador más determinante de este equipo, si exceptuamos a la pareja de brasileños, y, sin discusión, el más creativo. El de mayor talento. El que mejor da satisfacción al paladar de La Romareda. Cada vez que ha jugado en el medio centro -sólo frente al Elche y apenas un cuarto de hora ante el Xerez-, el Zaragoza lo ha notado de forma concluyente: ha tenido mayor control del juego, más precisión en los pases interiores y, sobre todo, ha jugado mejor. Bastante mejor.
En un Zaragoza de altos vuelos, que no es este caso, con un gran medio centro creador -me refiero a un medio centro clásico, no a un media punta reconvertido-, Jorge López sería una magnífica solución para la banda, la derecha o la izquierda, porque tiene calidad para irse en el uno contra uno y, a la vez, voluntad para ayudar en la distribución del juego. Pero en las circunstancias actuales, echarlo por principio a la banda es desperdiciar la principal fuente de fútbol que tiene el equipo. Si no la única. Con perdón.



