Jorge López y su posición más natural

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Victoria de infarto, cuando el gatillazo ya planeaba por La Romareda. La gloria queda para Ewerthon, que acudió al rescate en el último minuto para firmar el tercer triunfo consecutivo del Zaragoza. Pero el héroe fue López Vallejo. Su tarde, como la de hace una semana en Sevilla, fue completísima, con cuatro intervenciones prodigiosas que impidieron que el granítico Xerez, un equipo muy interesante sin grandes nombres, provocara el primer saqueo completo del curso. Hay futbolistas que ni crecen ni menguan en este Zaragoza, como es el caso de Arizmendi, y otros que van a más. Y López Vallejo es su mejor exponente. Para la estadística permanecerán los nombres de Oliveira y Ewerthon, los dos goleadores, pero el partido de ayer no se hubiera ganado sin lo que paró López Vallejo.
El fútbol ya fue otra cosa. Una cosa, a decir verdad, muy deficiente. Lo mejor y lo único lo hizo Jorge López en el cuarto de hora inicial de la segunda parte desde el medio centro, su posición natural en este Zaragoza tan escasito de juego. Pero Marcelino se resiste. O no lo ve ahí, o no quiere verlo. Otra explicación no hay. Ya se sabe que cada entrenador tiene su librillo y Marcelino no es una excepción. Con el 1-0, y a la que creyó el partido ganado, devolvió a Jorge López a la banda, esta vez a la derecha, y el Zaragoza volvió a perder el control y a achatarse por todos los lados. Pero no es cuestión de abundar más en el debate artístico, cuando el Zaragoza durmió anoche en lo más alto de la clasificación, esperando a que el Huesca le pinte hoy la cara al Salamanca. El fútbol moderno debe ser así.



