El heredero directo de la Saeta
Noticias relacionadas
Me consta que a Di Stéfano le disgustó la imagen del Real Madrid en Turín. Perder no es un verbo que conjugue La Saeta. Ni en Champions ni en un entrenamiento. Y más aún, perder por dejadez, por no hincar los codos desde el primer minuto le crispa enormemente. No le valió al presidente de honor el empuje del equipo en la segunda parte. No. Él trajo a este club allá por los años cincuenta el espíritu del sacrificio, del orgullo en el campo y del espectáculo continuado. Di Stéfano clavó en el césped del Bernabéu un letrero que ayer recordó en Realmadrid Televisión su heredero directo, Raúl González: "El Madrid nunca se rinde".
Este es el punto de encuentro de Di Stéfano y Raúl, el gran capitán. Incluso por encima de cotas goleadoras, de partidos jugados, de estadísticas frías aunque elocuentes, la identificación de La Saeta y el Ferrari está en la forma de entender el fútbol. El Madrid no es igual a nada. Para ellos, la blanca es una camiseta excepcional que se defiende con honor desde que te la enfundas en el vestuario hasta que la devuelves al saco de la ropa, empapada en sudor. Raúl es de esta pasta. No es conformista, quiere batir incluso a la propia naturaleza, que le intenta robar fuelle a sus 31 años. Es verdad que cada día le cuesta más deslumbrar por su fútbol, pero nadie osará poner su casta en entredicho. Bien administrado en el esfuerzo, Raúl aún puede llevar la bandera de esa doctrina que Di Stéfano perpetuó en el club: "Sólo vale ganar".



