Los valores también juegan
Se podrán decir muchas cosas de Raúl (y yo las digo, ingrato), pero no se puede reprochar una sola de sus declaraciones, y las que nutren esta columna son un claro ejemplo. Raúl, simpático o no, es escrupulosamente correcto y ciertamente elegante. Jamás critica, ni se queja, ni ironiza. Ni siquiera hace uso de la autoridad que le conceden los años y el palmarés. Y ese ejercicio de contención es más relevante si advertimos que Raúl vive en el ojo del huracán, puesto en tela de juicio en el Real Madrid y apartado de la Selección.
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Esa actitud es un hecho que pasamos por alto muchas veces, atentos, tan sólo, a su velocidad de reacción y a sus goles. Sin embargo, no tengo duda de que también juega por eso, por el contagio que provocan sus valores. Raúl es un símbolo activo y representa, como casi nadie, el estilo austero del madridismo eterno, eso que podríamos llamar el santiaguismo, en honor del presidente ideólogo.
No es un contador de chistes y resulta áspero en muchos gestos. Pero en lo que compete estrictamente a su profesión, y al trabajo sobre el césped sumo sus intervenciones públicas, Raúl es un modelo. Y por eso debería ser juzgado, más allá de otras intrigas. Por lo que vale. Y en ese sentido es tan injusto el bonus del Madrid como el rechazo de la Selección.



