Aquel gran triunfo en el Camp Nou

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Siempre hay partidos que marcan un antes y un después. 7 de noviembre de 1999. Camp Nou. Barcelona-Málaga. Los blanquiazules eran antepenúltimos en la clasificación con nueve puntos, muy lejos de los 22 que acumulaba el sorprendente líder, Rayo Vallecano. El entrenador era el inolvidable Joaquín Peiró y empezaba a ser cuestionado. Lo de siempre. Lo normal era perder contra el ogro azulgrana y que Sevilla y Real Sociedad sumaran los tres puntos, lo que condenaría al Málaga al farolillo rojo. Todo estaba en contra. Pero aquel día se jugó de cine. Valentía, desparpajo y vertiginosos contragolpes que dejaron sin argumentos la libreta de un Van Gaal que no daba crédito. Vicente Valcarce y Agostinho hicieron dos goles como dos soles.
Arnau, hoy portero blanquiazul, poco pudo hacer. El Málaga practicaba el contragolpe con la misma maestría del mejor Atlético de la década de los 60. Bogarde metió el 1-2. Pero el Málaga, lejos de temblar, pudo hacer algún tanto más. Aquellos tres puntos supieron a gloria. El equipo salía del descenso y Peiró salvaba su cabeza. Pero ese día se puso el primer ladrillo para algo si cabe más importante: el Málaga empezó a mirar hacia arriba y comenzó su etapa más brillante. De alguna manera, aquella hazaña me recuerda al 0-4 del Colombino. Golpe de efecto y de autoridad necesarios para desmontar las argumentaciones de quienes aseveraban que a Antonio Tapia sólo le quedaban dos misas del gallo. Inflexión. Como aquel 7-11-1999.



