Ricardo, Jacobo y Casto

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Todo empezó el año pasado en Alcalá de Guadaira. El Betis jugaba un partido benéfico para recaudar fondos y ayudar a los damnificados por las inundaciones que asolaron aquella localidad. Doblas tuvo la mala suerte de lesionarse de gravedad y Chaparro se encontró con que sólo tenía un portero en la plantilla: Ricardo. La secretaría técnica se pudo a trabajar y trató de fichar a Jacobo, un excelente portero que el Valladolid tenía cedido en el Numancia y que hoy triunfa en el Getafe. La operación hubiera llegado a buen puerto si no fuera porque el técnico tenía una solución en casa. El portero del Betis B: Casto.
De esta manera, Casto accedió al primer equipo. Por una parte encantado. Sus largos años de trabajo y su apuesta de riesgo (prefirió jugar en Tercera con el filial verdiblanco antes que en Segunda con el Albacete) tenían su recompensa (buen consejo el de su representante, José Lorenzo). Pero por otro lado le dolió la lesión de Toni D, a quien considera un amigo y un sensacional portero. Aprovechó su oportunidad y mandó al banquillo a uno de los mejores porteros de Europa. Ese es Ricardo.



