El mejor antídoto para los debates son las victorias

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Complicada papeleta tiene Lotina ante el Mallorca. Si opta por una defensa de cuatro, habrá reculado; y si se decanta por repetir la de cinco, después de lo vivido en Bergen, será un obcecado. Claro que el debate o la crítica sólo durará hasta mañana, porque el calendario es implacable. Ganar le dará la razón al técnico, porque aunque de largo sea el que más sabe de esto, los resultados son losas inamovibles. La verdad es que la resaca de la UEFA está siendo dura. Noruega y su prensa se chotean del Depor; Colotto soñará, o más bien tendrá pesadillas, con su debut; Guardado tardará en volver a darle un relevo a Filipe en el lateral; Aranzubia debe digerir su primer error; Omar Bravo esperar otra oportunidad... Y lo que es peor, el regalo de la UEFA puede desaparecer casi antes de abrirlo.
A pesar de lo que llueve, los daños son todavía colaterales. Tres puntos dejaría un Riazor reforzado tras la ya añorada victoria ante el Real Madrid. Un Riazor que precisamente será el escenario en el que habrá que remontar la tragedia noruega, que quedará en sainete si suena la heroica. Por el camino, la plantilla cierra filas con Lotina y sus decisiones tácticas. Bien, porque las dudas o disensiones en un vestuario son el preludio a la catástrofe. La pasada temporada, con una y mil crisis, la cohesión del grupo fue el pilar sobre el que sustentó la reacción con la defensa de cinco. Es momento de remar, porque tras el Mallorca esperan dos salidas consecutivas (Osasuna y Valencia). Ganar mañana sería el antídoto a estériles debates, pero sobre, eliminaría peligrosas dudas.



