La sensatez de una perla veinteañera
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Marcelo es un superviviente de la limpia de corrales ejecutada por Mijatovic. Por su talante, por su esfuerzo y seriedad, el lateral se ha ganado la continuidad mientras ha visto hacer las maletas a sus paisanos. Desde la llegada de Ramón Calderón, el club emprendió un giro hacia un modelo de vestuario responsable, donde no hay sitio para el descuido y el abandono. El brasileñismo mal adaptado, el del desacato y la cucaracha, fue perseguido y facturado con más o menos prisas, hasta borrar prácticamente su huella, para sustituirlo por el modelo holandés. Marcelo ha soportado el vaivén con un talante comprometido con el club, ajustado a la exigencia del trabajo constante, de la formalidad y las buenas costumbres. Además, de él se espera algo grande. De Marcelo se espera que tome la herencia del mejor Roberto Carlos.
Y es que hablamos de un jugador de sólo 20 años. Una perla que llegó hace un par de temporadas con cara de niño asustado, pero iluminado por las mejores referencias del Fluminense. Aún está verde, hemos de aceptarlo, aunque partido a partido crece, provoca expectativas y mejora de ese defecto tan brasileño que es olvidarse de defender. A Marcelo le gusta subir, como le gustaba a Roberto Carlos. Son laterales/extremos, hombres de fútbol alegre, quizás excesivamente desenfadados para el gusto europeo, ambos rápidos y de potente disparo. Marcelo está sufriendo un proceso de maduración exprés, propio de la impaciencia natural que exige el madridismo. Y desde su juventud veinteañera ha elegido el buen camino: el de la sensatez. Dice que jamás hará 'la de Robinho'. El Madrid cree en él, en su seriedad, y el respeto es mutuo.



