El legado de los Paralímpicos
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Los Juegos Olímpicos han dejado un legado enorme en Pekín para las generaciones actuales y venideras, pero más aún van a dejar los Juegos Paralímpicos que estos días se celebran en las mismas instalaciones donde Bolt y Phelps asombraron al mundo. Siete millones de euros se han invertido en la ciudad para la desaparición de las barreras arquitectónicas que impedían a los minusválidos acceder a muchos lugares. Aún será poco este dinero para la eliminación de todo tipo de obstáculos, pero es una manera de comenzar a sensibilizar a las autoridades y a los ciudadanos sobre un problema que nadie como los Comités Paralímpicos -entre ellos el nuestro se encuentra a la cabeza- han sabido trasladar a la sociedad.
Las medallas en estos Juegos cuentan pero no importan. Cuentan porque estimulan la capacidad competitiva, pero no importan porque lo que vale es que todos se guían por los mismos ideales, objetivos y valores que quienes compitieron en el Nido o en el Cubo de Agua hace unas semanas. Valores que nuestro Comité Paralímpico califica: honestidad, compañerismo, esfuerzo, ilusión, juego limpio, esperanza, solidaridad, lealtad, superación, cooperación, diversidad, unión y victoria. Valores que compartieron sus deportistas con Nadal, Gemma Mengual, Marc Gasol o Almudena Cid, entre otros, en la campaña Unidos por el Deporte. Y este es el auténtico mensaje, y no otro, que nos dejan los Juegos Paralímpicos.




