Como si no hubiera pasado nada

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Confieso que inicialmente no di crédito a los rumores que apuntaban al regreso de Lance Armstrong, porque hace un par de años tuvo un amago parecido con la única intención de provocar a los periodistas franceses. Admito que me ha sorprendido la confirmación de la noticia, pero mucha más sorpresa me ha causado que Christian Prudhomme le haya abierto de par en par las puertas del Tour de Francia 2009. Así, como si no hubiera pasado nada... Como si el diario L'Équipe no hubiera demostrado, con pruebas indiscutibles, que la orina del texano contenía EPO en la edición de 1999, la primera de las siete que ganó. O como si el americano no hubiera sido cliente y defensor del gurú Michele Ferrari. Entre otras cosas.
No entiendo tampoco tanta euforia en torno a su regreso. Ayer llegué a escuchar en un informativo que "el americano vuelve para rescatar a un ciclismo herido". ¿Armstrong, salvador? Ya lo voy pillando... La reaparición de Lance en el Tour vendría acompañada de tal morbo que aumentarían las audiencias. O sea, que se trata de eso... Entonces, ¿qué interesa más, que tengamos por fin un ciclismo limpio o que recuperemos el negocio y las cotas televisivas? No hace falta que respondan. ¡Qué hipocresía!



