De Víctor Martínez a Emilio Vega

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Víctor Martínez fue secretario técnico del Atlético en la década de los 60. En 1964 fue capaz de birlarle al Real Madrid el fichaje de Ufarte, un fantástico extremo gallego que jugaba en Brasil. Los directivos blancos creyeron que no tenía pasaporte español. Pero Martínez, con habilidad, corroboró lo contrario y se trajo para el Manzanares a uno de sus grandes de todos los tiempos. Ese es el mérito de un responsable en materia de fichajes. En la temporada 2003-2004, el Córdoba descendió a Segunda B a pesar de haberse gastado en refuerzos 12 millones de euros. Este año Emilio Vega, su director deportivo, ha invertido ocho millones de euros menos (cuatro) en una plantilla que tiene muy buena pinta, aunque ya saben que quien manda es el balón.
El año pasado, a Vega le dieron palos por todas partes. Más por temas personales (me temo) que por la idoneidad, o no, de los jugadores que incorporó. Pero el fútbol es caprichoso y es posible que si Abraham Paz hubiera marcado ese penalti en Alicante, a lo mejor hablamos de otra cosa. Pero esto es historia. Emilio Vega ha mostrado el talante de un directivo con mucha vista para encontrar buenos jugadores a precio razonable. Aquellos tiempos en que el Córdoba se gastaba 200 millones de las antiguas pesetas en Wellington (goleador del Boavista, entonces campeón de Liga en Portugal), o millonadas en Serban, Salenko o Pirri (y éste ni llegó a ejercer como director deportivo) ya son historia. El modelo ideal es un Víctor Martínez. Un Monchi. Un Emilio Vega.



